Emociones
Las emociones como guía de cómo nos afecta y afectamos al mundo
Una emoción es un estado interno que tiene asociadas sensaciones físicas y pensamientos. Hay veces que desde un pensamiento se genera una emoción y una sensación física asociada y otras empezamos con una sensación física hasta el pensamiento.
Si sentimos una caricia de alguien a quien queremos, nos puede generar una emoción de alegría y un pensamiento "qué a gusto estoy".
A lo
largo del día sentimos muchas emociones, algunas agradables y otras
desagradables.
Hay momentos en los que tenemos más presente alguna por alguna razón del
contexto (tristeza, pena… cuando perdemos a alguien; alegría si nos estamos
ilusionando con un nuevo proyecto; miedo o ansiedad si estamos en época de exámenes
o realizando entrevistas de trabajo…).
Normalmente sentimos más de una emoción respecte a un tema o una persona o relación. A veces van en la misma línea y otras nos tienen un poco contrariados.
Hay emociones básicas i emociones complejas. Las emociones básicas, son aquellas con las que nacemos, que son universales y que aparecen de manera automática delante de una situación. No necesitamos que nadie nos las enseñe y tienen una función adaptativa, nos ayudan a sobrevivir. Tristeza, miedo, enfado o ira, alegría y asco.
Las emociones complejas o secundarias, sin embargo, no son innatas. Necesitan el desarrollo cognitivo y sobre todo la relación con otras personas. Aparecen en contextos sociales. Por ejemplo la vergüenza, la culpa, el cielo, el orgullo o la envidia. Por eso decimos que se dan en relación con otros, porque necesitan la mirada o la presencia -real o imaginada- de otro.
De las emociones podemos ser más o menos conscientes. Las podemos identificar y expresar si queremos y también podemos disimularlas o reprimirlas. Cuando a veces nos cuesta compartir alguna emoción, es por falta de apoyo o porque no nos hemos escuchado en otros momentos.
La represión de las emociones es adaptativa y puede ayudarnos a seguir funcionando. Por ejemplo, si estamos muy triste porque acabamos de dejarlo con una pareja pero tenemos que dar una clase, podemos dejar la emoción en un segundo plano y seguir trabajando. Es decir, ponemos entre paréntesis las emociones al respecto y puedo funcionar durante un tiempo. Esta capacidad de reprimir es importante para no desbordarnos constantemente.
Ahora bien, las emociones que reprimimos no desaparecen.
Reprimir funciona como cuando tenemos fiebre y tomamos paracetamol: no desaparece el origen que causa la fiebre, pero nos ayuda a ser funcionales durante un tiempo. Es decir, es beneficioso si después dedicamos un espacio a pensar y digerir lo que nos pasa. Si sólo reprimimos, al final podemos acabar en una desconexión emocional crónica, en ese "no siento nada" o "no me siento bien pero no sé qué me pasa".
Solemos tener una mejor relación con unas emociones que con otras y esto depende de nuestra crianza, de la educación recibida y también de los permisos sociales.
Cuando somos niños, tenemos dos formas básicas de gestionarnos: una es a través del llanto y la otra es a través de la agresión. Y a medida que vayamos creciendo, los cuidadores responsables de nosotros van enseñándonos que hay otras formas de gestionar un malestar. Que podemos ponerle nombre a lo que nos pasa, contarlo, pedir ayuda, negociar, poner distancia…
Las personas pueden ser de base emocional o de base racional. No quiere decir que las personas emocionales no sean caudales ni que las racionales no sienten nada. Quiere decir que gestionan las emociones de forma diferente. Las personas emocionales tienen un mundo emocional con mayor protagonismo y una expresión más visible. Y las personas racionales tienden a racionalizar y controlar sus emociones a través del pensamiento.
También hay personas con más sensibilidad que otras en las emociones propias y en las del resto. Estas personas captan más detalles del entorno emocional, más sutilezas como cambios en el tono de voz, en la mirada, microgestos. Y sienten las emociones con mayor intensidad, y por tanto, estas personas necesitan hacer más gestión emocional a lo largo del día y suelen saturarse más de estar con gente.
Las emociones son una brújula. Nos indican lo que nos está pasando en el presente, nos orientan. Si algo me está alegrando, conmoviendo, enfadando o generando ansiedad, es información valiosa. La pregunta es: ¿qué ha pasado para que yo me esté sintiendo así? ¿Qué necesito hacer al respecto? Retirarme, calmarme, hablar con alguien, llorar, pedir perdón o poner un límite...
Escuchar la brújula no significa dejarse arrastrar por ella, sino utilizarla para orientarnos mejor en el camino.

